Historia de un abuso laboral

Son las 9 am y vamos viajando con la familia desde San Pedro de Atacama a Calama. Desde que soy un niño vengo a estas tierra, mis raíces son de acá, soy Licanantai. Sin embargo nunca antes hice la reflexión sobre el abuso laboral que se sufre en estas tierra desiertas, rodeadas de sol, flechas, frio y vasijas.

Hace algunos días, sentados al rededor de la mesa, hablamos del ‘Flaco’ -uno de mis tíos más querido- quien tiene severos daños hepáticos, pulmonares y físicos en general, todos generados por su alcoholismos, el cigarrillo y el abuso físico que le dio a su cuerpo.

Durante la conversación empecé a tener recuerdos respecto a su trabajo. Se levantaba a las 4 am. Su trabajo consistía en cortar el pasto, regar las eras, fabricar adobes o arar la tierra, todo a pulso, de sol a sol. Ejercía sus funciones para quien se lo pidiera, en el ayllu que fuera, teniendo que caminar -en ocaciones- más de 10 kilómetros para ir donde se lo pedían.

Al momento de terminar la jornada no le pagaban, simplemente tomaba su azadón, se lo cargaba al hombro y partía de vuelta rumbo a su origen. ¿Por qué no le pagaban? Es sencillo, su remuneración se consideraba el almuerzo y el vino que le daban, eso era todo, no había más. Como ya te podrás percatar si te pagan con vino, dentro de no mucho tiempo te vuelve alcohólico y la mano de obra se vuelve cada vez mas barata, un vino en caja, en bolsa, o aloja artesanal es suficiente para que haga todo lo que le pidas.

Esta forma de abuso no fue exclusiva contra el Flaco, lo hacen con muchos, aquí les doy una muestra de aquello. En una ocasión mi mamá hablaba con una señora del ayllu de Yaye. Ella alabó lo hermoso de su casa,  la mujer le contestó que se la hizo el ‘Cosa Seria’. Mi mamá andaba en proyecto de buscar maestros para construir la suya, por tanto, le preguntó cuánto le cobró. La señora, sin ningún tapujo, sin asco, sin vergüenza, sin miedo a sentirse abusadora, respondió “una caja de vino diaria”.

Cuando se habla de precarización laboral esta no está tan lejos como crees, mira bien a los conserjes y guardias del lugar donde vives o trabajas, pregúntale cuánto ganan, cuantas horas trabajan y cuándo fue la última vez que reajustaron sus sueldos. Si miras un poco más, en pleno centro podrás encontrar, cerca de la estatua de La Familia, al menos unas 5 personas que venden planes para grandes compañías, con indumentaria, folletos, cumpliendo horario, toldos, stand, gorros, todo de y para la empresa y ninguno goza de contrato de trabajo, mucho menos el pago de cotizaciones y aún menos del pago de un sueldo mínimo. Eso, lector, es equivalente a pagar con una caja de vino, es abuso puro y duro, sin asco, sin vergüenza.

Hoy no quería hablar de tecnicismos, deseo que podamos entender que el abuso laboral está más cerca de lo que pensamos, está ahí frente a nosotros y tal vez sobre nosotros, no solo como receptores, sino como ejecutores de acciones que impliquen un detrimento al otro y un beneficio para mi.

Axel Villar Ossandón

Axel Villar Ossandón

Soy abogado laboralista de la región de Antofagasta. Tengo especialización en litigación oral y derecho laboral en la Universidad Alberto Hurtado.
Todos mis artículos estás destinados a aprender, compartir y salir un poco de la regla del formalismo clásico del abogado.

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